| Nacho
Cadena |
Nacho
Cadena es un personaje célebre en Puerto Vallarta por su carisma
e intensa actividad cultural y social. Él afirma que va con el
sol y no es frivolidad, porque consciente del ocaso siempre estrena el
momento. Sin embargo hay cosas que por más que pasen los años
nunca se olvidan y duran toda la vida. Ignacio Cadena, siempre se dejó
llevar por su ferviente pasión por la cocina, que le sabe a tierra
y a familia, porque en su casa se cocinaba de maravilla.
Su madre era una francesa muy culta, que supo traer a su hogar la excelencia de la cocina francesa con sutiles sabores y alegres letras. Su padre, médico militar, era todo un prodigio de actividad. Trabajaba de sol a sombra y en horas de descanso aún había tiempo para mimar su huerto y rosaleda, pescar, cazar y crear mil y un inventos. Nacho le recuerda como un torbellino cabalgando las áridas tierras del desierto sonorense para atender a sus pacientes, y quizá herede de su padre y del desierto esa energía portentosa. Ingacio Cadena es restaurantero de profesión, columnista por dedicación, y por si fuera poco, por las mañanas es poeta y entre verso, metáfora y rima también un programa de radio cultural combina. Y entre tantos malabares intelectuales, mil fcetas y muchas recetas, dedica también mucho a los demás, promoviendo la cultura y generando actividades que procuren esparcimiento social. Fruto de su gestión ha sido la reciente incorporación de la Alianza Francesa al escenario cultural vallartense, que ha traído a muchos estudiantes mexicanos la posibilidad de aprender francés. Aunque viene del desierto, buscó la tierra más fértil para estar con el mar. Recuerda un felíz día de excursión en que su padre lo llevó a ese encuentro. Partieron de Hermosillo y fue una tarde de fiesta con indios, historietas y piruetas, y allí sentado en la orilla sintió la sonrisa del mar. Esa visión infantil se cristalizó en este vergel, al que no se cansa de observar y pintar con su mirada telescópica y filantrópica, que le lleva a ver más allá del mar y hablar de las profundidades del océano y de la rotación de los astros. Pero antes de colorear y vocear sus sueños, aprendió primero a soñar y a trabajar. Comenta con auténtico entusiasmo su primera etapa en Vallarta cuando él se dedicaba con frenesí a la industria inmobiliaria como desarrollador de los Tules, Fiesta Americana y Fiesta Condesa. Fueron años locos, pero que todavía hoy le producen una inmensa satisfacción. El restaurante la Petite France es como él dice "su juguete", aquí él se entretiene porque pica de todo. Cuando quiere es patrón o si no chef y siempre un gran anfitrión. En este pequeño principado se rigen por la Chaîne de Rostisseurs, prestigiosa asociación gastronómica de la que es vice-consejero. Dice que la cocina le relaja y la poesía es enigmática y para esos dos temperamentos guarda un espacio en su restaurante: en la mezzanine, en ese piso intermedio que no lleva a ninguna parte, se platica sobre todo de arte y se admira a Tolouse Lautrec, aunque su dueño prefiere y sueña con la locura amarilla de Van Gogh. En cambio en la planta inferior se trata de disfrutar vinos, platillos y de los buenos amigos y de vez en cuando se brinda al son de "Vive la France!" Revista: "Vallarta Lifestyles", Year 12 No.4, Fall - Winter 2001 |
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